La reunión fue perfecta, antiguas amistades que seguían
ahí....pero yo ya no estaba pendiente de la gente, tenía la mente otra cosa, a
otra persona...miradas furtivas durante la reunión, sonrisas cómplices, roces
de manos tímidos.....así transcurrió la noche y llego el momento de volver al hotel.
El me llevo en coche y en la puerta del hotel, nos quedamos aparcados.
No sabíamos que hacer, sólo nos mirábamos, nos rozábamos las manos, pero como
dos chiquillos, no éramos capaces de mirarnos a la cara, apenas hablábamos, mirábamos
al frente. Hasta que al final saque valor y le propuse subir a la habitación, Y
subimos.
Ya en la habitación, en cuanto se cerró la puerta, nos
besamos apasionadamente y poco a poco con la misma delicadeza de la primera
vez, nos tumbamos en la cama. Y ¿qué decir? ...pasó lo que era inevitable. Mil
besos, mil abrazos...me hizo sentir la mujer más guapa y deseada del mundo. Nos
amamos con pasión, con deseo, intentando fundirnos en la piel del otro, para
que nunca más nos separáramos .Pero llego el momento y la realidad cobro su
importancia, tenía que volver a si casa, con su familia y yo a valencia con la mía.
Fue uno de los viajes más amargos de mi vida, porque aunque
había sido maravilloso, todo quedaba ahí. O eso pensaba yo.
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